domingo, 3 de mayo de 2015

El Rincón del Aficionado: el profesor de ajedrez



Cuenta la leyenda que Capablanca aprendió a jugar al ajedrez a los cuatro años de edad, sin ayuda, simplemente, viendo como jugaba su padre con unos amigos. No es lo habitual, salvando algunas honrosas excepciones, la mayoría de mortales, necesitamos que alguien nos explique y nos enseñe las reglas del ajedrez. Todos empezamos recibiendo clases de ajedrez: de un amigo, de un familiar, de un vecino o en la escuela del barrio. Aprendemos las reglas del juego, los movimientos de las piezas y los mates básicos. Rápidamente, las clases se van alternando con el juego, y este, va cobrando cada vez más protagonismo llegando un momento en el que las clases se aparcan y nuestro progreso se centra en la práctica, jugando, jugando y jugando cada vez más partidas. Hasta que llegamos a un punto en el que dejamos de progresar, cada cual en un nivel, pero ya no avanzamos por más que juguemos. 

El profesor de ajedrez
El profesor de ajedrez
Llegados a este punto, muchos, hartos de ver como su ajedrez no mejora por más horas que le dediquen buscan ayuda. Es entonces cuando se cierra el círculo y volvemos a recibir clases de ajedrez, pero de una forma más seria, más profesional y enfocada a hacernos mejorar nuestro nivel de juego. 

Pero claro, como de todo hay en la viña del señor, cuando lleguemos a esta fase vamos a encontrarnos diferentes tipos de profesores a los que podremos acudir. Veamos algunos:

  • El simpático. Te contará muchas anécdotas propias y ajenas. Te hablará de sus torneos o de cómo conoció Kasparov o de aquel día que estuvo a punto de ganarle a Karpov. Te hipnotizará, te encantará, pero no aprenderás mucho.
  • El profesor estrella. Las clases se centran en él. Todo gira a su alrededor, analizará sus partidas, normalmente las victorias, te recomendará sus aperturas, tendrá siempre la razón, en fin, un figura. Puedes aprender pero si estás en su línea, como tu estilo de juego no sea como el suyo mejor que vayas borrándote del curso.
  • El ruso. Te machará, y cuando pienses que ya no puedes más te volverá a machar. Analizará tus partidas, las diseccionará y las criticará hasta la saciedad. Mostrará en público tus peores errores, te hará sufrir, te avergonzará pero aprenderás. Aprenderás mucho, eso sí, tienes que estar dispuesto a pagar el precio, y no hablamos solo de dinero.
  • El inhumano. Algunos piensan que pueden utilizar la computadora para aprender. Falso, aprender no vamos a aprender nada, bueno una cosa sí, que el módulo de análisis siempre tiene razón. Los ordenadores van bien para detectar errores, analizar líneas, y un sinfín de cosas más. No podemos vivir, ajedrecísticamente hablando, sin ellos pero no puede substituir a un buen profesor.
  • El preguntón. Como si de una maratón de resolución de problemas se tratase se pasará la clase diciendo, “¿Y vosotros que jugaríais en esta posición?”. Que te pregunten alguna vez, vale, pero toda la clase así… para eso te quedas en casa resolviendo problemas de ajedrez.
  • El online. Con una buena conexión a internet ya podemos recibir clases desde cualquier parte del mundo. Tiene sus ventajas, estas en casa, no te desplazas, pero pierde intensidad. Es muy fácil despistarse y entretenerse con cualquier otra cosa. Requiere un sobreesfuerzo de atención por parte del alumno.
  • El videoprofe. Suele decirse de aquel que graba un video con una sesión de cualquier tipo, aperturas, medio juego, finales, etc, y da acceso a su reproducción. Se puede aprender mucho con esta modalidad pero no es una clase de ajedrez. No hay interacción, no se resuelven dudas, la clase no se adecua al nivel del alumno. Como contrapartida se puede visionar varias veces la sesión y hacerlo a aquella hora que nos sea más conveniente.
  • La vieja gloria. Aquí hay de todo pero el secreto está en entender que el haber sido un gran jugador de ajedrez no implica ser un gran profesor de ajedrez. Pueden ser las mejores clases de tu vida o las peores.

Bromas aparte, si buscas progresar, como en todo, necesitas ayuda, pero hay que seleccionar con cuidado donde invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero. Jugar bien al ajedrez no implicar enseñar bien ajedrez. Hay que buscar gente seria, preparada y con experiencia en formación. Hay que revisar el temario del curso, las propuestas didácticas, los materiales que se entregaran, el currículum de los profesores y un largo etcétera.

Aunque si realmente quieres progresar, subir tu ELO y destrozar a todos tus rivales con las clases no va a ser suficiente. Hay que entrenar, pero de eso hablaremos otro día.




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